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7 de abril de 2013

159 | Let it Be

En la vida, cuando nos enfrentamos a una situación interior complicada, difícil de manejar, incomprensible o que no nos gusta, la reacción inmediata de nuestra mente es ocultarlo. Ocultárnoslo a nosotros mismos, distrayéndonos de todas las formas posibles. Piénsalo… hay miles de cosas que hacer antes de estar a solas y en silencio contigo mismo. Cualquiera que sea la reacción que tengamos, definitivamente no es positiva, incluso si no llega a ser negativa.

Lo último que queremos hacer es enfrentarnos a solas con nuestro yo.

Algo que te puede hacer diferente y que puede cambiar radicalmente tu vida es, cuando te enfrentas a algo así, intentar aprender de ello. Sentirlo. Tratar de ser paciente. Es entonces, tarde o temprano, cuando te das cuenta de que este incidente que ocurre tiene un significado muy profundo e inexplicable debajo de esa máscara de sufrimiento.

Al final, sólo cosas buenas pueden salir de esa actitud.

En este proceso, cuando la mente está tratando de comprender la situación, puedes encontrar muchísimos de tus sentimientos involucrados. Uno de ellos, muy potente, es el miedo, después viene la confusión, luego más tarde llega la prueba de la fe… y finalmente el aprendizaje.

Cuando digo: "Tengo que ser paciente", ¿Qué significa?

Cuando digo: "No hay nada que hacer, sólo esperar", ¿Qué significa?

La vida nos entrega lo que necesitamos en cada momento... esa es la esencia de vivir que he comprendido. El universo y sus fuerzas de no dejan de lado a un sólo ser humano, tal es la belleza de la sincronicidad. Así que, al final, como cada acción tiene una reacción, todos, absolutamente todos los acontecimientos acontecidos en nuestra vida tienen un fuerte sentido existencial.

Lo que hacemos como seres humanos es resistirnos. No queremos ese dolor, ese sufrimiento. Y eso es lo que hace las cosas difíciles. Pero en el momento que aceptamos -o por lo menos tratamos de aceptar- entonces ponemos nuestra vida en las manos de una fe, que no podemos ver o tocar. Nos rendimos; una gran parte de la paciencia es la no resistencia a lo que actualmente es… y sólo eso hace que todo sea mucho más simple. Mucho más agradable para nuestras almas. 

Mucho más aceptable para vivir y sobrevivir, después de haber aprendido, siendo mejores y más fuertes.

Y un tipo listo me dijo una vez que, en la vida, solamente después de las penurias y sufrimientos, es cuando todo se vuelve sencillo.

Deja que todo ocurra… y mira dónde la vida te lleva.


puesta sol muscat

11 de julio de 2012

119 | ¡Estoy vivo!

Hoy os traigo una entrada invitada, escrita por un gran amigo con el que suelo conversar muy a menudo. No sabía de sus dotes de escritura -ni siquiera él mismo las sabía- hasta que me pasó este texto que, como veréis, escribió con el alma (o desde la consciencia, como prefieras). Espero que os guste tanto como a mí:


Estoy vivo.

Si alguna vez has llegado a esta evidente conclusión, quizá sepas de qué voy a hablarte.

En los últimos meses he experimentado grandes cambios en mi vida, sin que en realidad me haya sucedido nada demasiado anormal o relevante, al menos según mi antiguo baremo de los acontecimientos. El gran cambio no ha venido del exterior, sino de dentro, de mí, de mi mente.

Para ponerte en situación, hasta hace poco tiempo, solía vivir mi vida sin detenerme a pensar en que realmente la estaba viviendo, me conformaba con actuar según me pasaban cosas, la vida era una serie de acontecimientos que me venían dados por azar, y mi trabajo consistía en evitar posibles problemas, o solucionarlos si se daban, e intentar pasar algún buen rato mientras tanto. Nunca me paré a pensar en la propia existencia en sí, en la suerte de estar viviendo esa existencia, en la suerte de estar vivo, y en la infinidad de posibilidades que el mundo tenía para ofrecerme.

Quiero hacer aquí una pequeña reflexión. ¿Alguna vez te has detenido a pensar en la suerte que has tenido al nacer? Puede parecer una tontería, pero para que tu nacieras, han tenido que darse millones de acontecimientos a lo largo de la historia, que han tenido que ser así y de ninguna otra manera, para que tu pudieras vivir lo que estás viviendo. Las posibilidades de que tu nacieras, viéndolo si quieres desde un punto de vista de probabilidades, eran infinitesimales hace tan solo, por poner un ejemplo, 200 años. Tu padre tuvo que juntarse con tu madre, a su vez tuvieron que haberse juntado antes los padres de cada uno de ellos, a la vez los padres de los padres de cada uno de ellos, y así sucesivamente. Incluso tuviste la suerte o el acierto de ser el espermatozoide más rápido (¡enhorabuena!). Viéndolo ahora desde esta perspectiva, ¿no crees que has tenido una gran suerte al nacer? A esa conclusión llegue por lo menos yo, y decidí que debía aprovechar la opción que se me había dado.

Entonces, pensé: ¿y que debo hacer para aprovecharla? O lo que es lo mismo, ¿qué quiero hacer con mi vida, con el tiempo del que disponga? Y la respuesta que me vino al instante fue: No lo sé. Y si soy sincero, sigo sin saberlo. Pero si he decidido algo; haga lo que haga, decida lo que decida, ahora sé que quiero ser feliz. Quiero creer que ese es el fin último de las vidas, ser feliz, pero eh ahí la gran pregunta: ¿Qué quiero hacer para ser feliz?

Me he dado cuenta de que gran parte de mi vida no estaba, o está (todo cambio lleva su tiempo) siendo vivida para mí mismo. Fui al colegio porque era “mi obligación”, lo decían mis padres, autoridad suprema para mí por aquellos tiempos. Después de eso, me matriculé en la universidad, porque según la sociedad, y otra vez mis padres,  eso es lo que te garantiza un futuro próspero, lo que evitará que tengas futuros problemas. Y aquí estoy, estudiando Derecho, una carrera que realmente no me apasiona, pero que se supone me va a asegurar no caer en la miseria. Así pues, me pregunto, ¿cuántas de las cosas importantes que he hecho en mi vida han sido decididas realmente por mí? ¿Y cuántas de ellas además no han sido basadas en el miedo? Miedo a lo desconocido, miedo a no tener un colchón, algo que nunca me fallará en caso de problemas, miedo a vivir la vida como realmente quiero vivirla. Miedo al que va a pasar.

Ese cambio del que hablaba al principio, el que me ha hecho preguntarme todas estas cosas, ha sido, en parte, darme cuenta de que mi vida solo voy a vivirla yo. Mucha gente me acompañará en el camino, me influirá para bien y para mal, pero al final, seré yo el que la viva, seré yo el que la disfrute o padezca y seré yo el que mire atrás y sepa cómo ha sido todo el día en que me toque marcharme.  Entonces, ¿por qué no hacer lo que realmente quiero? Ahora me parece una completa absurdidad.

He pensado también en que hasta hace poco, todos los días me parecían iguales. No podía diferenciar el martes de una semana del jueves de la pasada o de cualquier día del mes anterior. Pasaban cosas relativamente diferentes, pero todo se englobaba dentro del mismo marco de rutina. Y lo que hacía yo era como máximo quejarme por ello, lamentarme por mi situación en vez de ponerle solución. No me sucedía nada malo, ni si quiera estaba triste propiamente dicho, simplemente me encontraba enormemente vacio. Indiferente.  Ahora pienso, o eso intento, que cada día es una oportunidad, de hacer o aprender algo nuevo, de sentir algo diferente, de volver a sentir algo bonito, de vivir. Porque ahora sé que estoy vivo. Antes, obviamente, era consciente de que vivía, de que respiraba y actuaba, pero no era consciente de mi suerte y posibilidades.

El tiempo pasa para todos, la vida es corta, o eso me aseguran los que han vivido mucho más que yo, y ha llegado el momento de aprovechar todos y cada uno de los momentos. No se trata, al menos en mi caso, de vivir siempre intensa o alocadamente, de vivir al límite que se diría, sino más bien de ser consciente. Que importante es eso para mí. Ser consciente de las cosas te aporta una visión diferente de ellas. Ser consciente de que estás vivo, de que solo vas a tener una vida, y de que puedes vivirla de forma feliz si así lo decides, porque al final, todo nace de ti. Al cambiar tu, todo cambia contigo, todo adquiere nuevos matices hasta ahora desconocidos, y te das cuenta de que todo puede ser maravilloso.

Aún me encuentro muy perdido en esta nueva aventura, la de conocerme a mí mismo y empezar a conocer de verdad el mundo que me rodea, pero ahora, por fin, soy realmente consciente de que estoy vivo… ¡y qué bonito es!

Sicky Supertramp

12 de diciembre de 2011

108 | Conferencia Evaristo Aguado

Este texto forma parte de la conferencia que pronunció Evaristo Aguado -mi coach, al que mando un abrazo desde aquí- en la apertura del curso académico del C.M.U. Albayzín de la Universidad de Granada. Espero que os guste tanto como a mí:

La caída de Lehman Brothers, de la que el día 15 de septiembre se cumplió el tercer aniversario, abrió un capítulo todavía sin cerrar. En la tarde del 14 de septiembre del 2008 los empleados de este banco de inversiones centenario recibieron un correo electrónico en el que se les comunicaba los planes para declararse en suspensión de pagos. Aunque era domingo, decenas de empleados se dirigieron a la sede del banco, en el 745 de la Séptima Avenida de Manhattan, para recoger sus pertenencias. La imagen de los lehmanitas saliendo con cajas y maletas con sus pertenencias fue el primer icono de la crisis.

Nadie sospechaba que la onda expansiva de aquel acontecimiento cruzaría el Atlántico y contribuiría a precipitar la peor crisis de la democracia económica en Europa. Y sigue sin conocerse el desenlace.

Lo peor es que tres años después, el temor a otro colapso financiero revive. El miedo es cada vez mayor. En EEUU se piensa en una segunda recesión que engrosaría las filas del paro y pondría en peligro la reelección de Barack Obama en 2012. Y, en la Europa de la crisis de la deuda van cayendo los gobiernos de cualquier signo cuando se presentan a unas elecciones. Decía el financiero George Soros en The New York Times refiriéndose a la nueva etapa de la crisis que se acerca “Esta crisis tiene potencial para ser peor que lo de Lehman Brothers”

Peter Wallison, del Laboratorio de ideas American Enterprise Institute dice asustado “Las cosas no son normales. Estamos en condiciones muy débiles. Tenemos una tasa de crecimiento casi cero, un desempleo muy alto, una confianza del consumidor muy baja y pesimismo entre empresarios e inversores”

Es como si todos estuviéramos hipnotizados y no supiéramos salir de la pesadilla que invadía al principio a las grandes entidades financieras norteamericanas y que después iba extendiéndose como una gran mancha de aceite por el mundo. La Banca, las Bolsas, todo ha ido infectándose de una enfermedad contagiosa hasta llegar a las economías domésticas y sentir cada uno de nosotros la falta de liquidez, la lacra del desempleo.

Pero… ¿cómo ha sido esto, nos preguntamos, si ayer construíamos trenes de  alta velocidad entre ciudades a 70  km. de distancia y aeropuertos en cada ciudad que se preciara; si teníamos dinero para inaugurar auditorios y pabellones deportivos en cada rincón; si nos atrevíamos a hacer hasta nuevas plazas de toros en pueblos sin gente para llenarlas; si viajábamos por el mundo; si no había una promoción de la Universidad que no se desplazara a Cancún o a la Ribera Maya para poder disfrutar del final de sus estudios universitarios?

La cruda realidad se impone.

Entre los economistas y los políticos hay consenso sobre las causas inmediatas de la crisis pero no hay consenso  sobre sus causas profundas.

Pienso que casi nadie quiere pensar en las causas últimas de la gran crisis.

Edward Rutherfurd, en su obra sobre Nueva York nos describe tres crisis económicas ocurridas durante el siglo pasado y el actual. Merece la pena leer unos párrafos sobre las mismas.

Refiriéndose a las causas de la crisis de 1907 dice el autor:

“Los fideicomisos era una manera de ganar dinero a lo grande… Comportándose como un banco, pero sin atenerse a las normas que debían respetar los bancos, pagaban elevadas tasas de interés y después emprendían las más elevadas especulaciones… Todo esto estaba a punto de provocar el desmoronamiento de todo el mercado...” (Nueva York, Edwuard Tutherfurd, 2010, págs. 634, 635)

Elevadas tasas de interés, las más elevadas especulaciones, desmoronamiento del mercado.
Pero sigamos con el novelista y vayamos a 1929.

“El dinero afluía de continuo; los agentes, bancos y otras empresas financieras proliferaban como setas: incluso en la enorme economía estadounidense no había en realidad suficientes valores productivos correlativos a toda esa liquidez, lo cual ocasionó una subida de precios. Y después se instaló, por supuesto la codicia desenfrenada… Parece que Nueva York en pleno parecía haber olvidado toda moral…” (Nueva York, Edward Rutherfurd, 2010, pág. 747)

Subida de precios, codicia desenfrenada, olvidada toda moral.

Y llegamos a nuestra década.

“¿No sabes que también hay otra burbuja ilusoria? Una burbuja de expectativas vanas, de casas mayores, de aviones privados y primas desaforadas. La gente acaba deseando y creándose expectativas de este tipo de cosas, pero esa burbuja también va a estallar, como no puede ser de otro modo” (Nueva York, Edward Rutherfurd, 2010, pág. 915)

Primas desaforadas, burbuja de expectativas vanas.

La historia no se repite, pero rima, según la frase atribuida a Mark Twain.

La crisis de los tres últimos años evoca estas comparaciones que hago con la de 1907 y sobre todo con los años treinta y la gran depresión. El propio Barack Obama, como dice Marc Bassets, tras llegar a la Casa Blanca en enero de 2008, cultivó los paralelismos con Franklin Delano Roosevelt que tanto trabajó para salir de la Gran Depresión. Pero la crisis actual –crisis económica y de confianza y moral- también remite a otra época y a otro presidente que nadie, en Estados Unidos, quiere reivindicar: Jimmy Carter, presidente en una época de pesimismo, de marasmo económico, de sensación de declive.

Pero ¿qué necesita nuestra sociedad global para que se produzca un cambio radical al sistema imperante?, ¿por qué nos da miedo tratar con profundidad el problema que vivimos?, ¿qué soluciones podemos aplicar?

Está claro que las soluciones economicistas aplicadas hasta ahora son meros parches para solucionar el grave problema en que estamos inmersos. ¿Es que podemos pensar que solucionaremos todo con una rebaja inmediata de los tipos de interés; el mantenimiento de las masivas inyecciones monetarias del BCE para facilitar la máxima liquidez del sistema bancario y financiero; la rápida y eficaz instrumentación de los acuerdos que va tomando la Cumbre Europea; el cumplimiento de los planes de ajuste de los países periféricos y la adopción de medidas de estímulo de la actividad en los estados que tengan margen fiscal para ello?

Por supuesto que hay que tomar estas medidas de urgencia y calado.

Hasta ahora hemos estado “sujetos al discurso de los contables, de las agencias de calificación de riesgos, de los tipos de interés, de los diferenciales de la deuda, del déficit, de los rescates, de la liquidez y de tantos conceptos que se acercan más a las preocupaciones que puede tener un tendero al terminar la jornada que a la altura de miras y visión que se supone a quien tiene el privilegio y la responsabilidad de gobernar”  (Lluis Foix. La Europa de los contables. La Vanguardia 13 de octubre de 2011, pág 20)

Las raíces y razones verdaderas de la crisis económica y social han estado, entre otras causas, en el derroche, en el despilfarro, en el vivir por encima de las posibilidades y necesidades, en el culto idolátrico al dinero y al enriquecimiento fácil. Uno de los efectos de la crisis moral que, de un modo u otro, en una proporción u otra, nos ha traído la crisis económica, ha sido dilapidar y despreciar el valor del esfuerzo, del sacrificio, de la contención, de la sobriedad y de la austeridad. Resulta tristemente paradigmático a este respecto comprobar el egoísmo, la insolidaridad, la politización partidista y asimétrica y la demagogia en algunas proclamas políticas y movilizaciones sindicales y populares -en muchísimos países del mundo- mediante las cuales se protesta ante los recortes.

Ante grandes males grandes oportunidades.

Se oyen voces nuevas que reclaman una refundación del capitalismo, un nuevo orden, un modelo alternativo, que nos puede llevar a utopías de altermundismo,  ecologismo, límites al desarrollo.

Incluso han surgido movimientos interesantes por la forma como se han generado y los principios que los inspiran. Así Anonimous, o en España un conjunto de movimientos que nace con el nombre de 15M y que después, juntos o por separados, conocemos como Indignados. Este movimiento pretendía regenerar y dar vida a una democracia esclerotizada y secuestrada por los propios partidos que la protagonizan. Por eso su lema preferido era “¡Democracia real ya!” Estos movimientos, inspirados en Stéphane Hessel, presentaron un primer manifiesto que constaba de nueve puntos y en el que se incidía en valores como la igualdad, el progreso, la sostenibilidad, el bienestar y la felicidad. Un comienzo abierto que parecía querer representar a todos los ciudadanos. Pedían, por ejemplo, que el sistema económico no sea “un obstáculo para el progreso de la humanidad” Rechazaban la “acumulación de dinero por encima del bienestar de la sociedad”, también “el ansia y la acumulación de poder en unos pocos” Sostenían la necesidad de realizar una “Revolución Ética”

Nada que objetar a este manifiesto. Mi total apoyo. Un gran diagnóstico de las causas y soluciones a la crisis de la burbuja de las expectativas de la que Edward Rutherfurd  hablaba.

Sin embargo todo este conjunto de ideas fundamentales no ha dado lugar, por lo menos hasta el momento, a un Movimiento regeneracionista que consiga que la sociedad asuma las causas de la crisis y esté dispuesta a realizar los sacrificios necesarios para regenerarse, para cambiar de cultura y hábitos, para resurgir como hombres nuevos y mujeres nuevas.

Este Movimiento no ha logrado aunar a la sociedad en un frente ético común y así mientras que para José Luis Sampedro “La democracia está pervertida, secuestrada, y por eso tenéis razón, por eso no sois una generación perdida y es necesaria una democracia real” para Arturo Pérez Reverte “Lo de Sol, movimiento prometedor, ha degenerado en esperpento. Un final grotesco para tantas ilusiones, un final tan español que duele” Dos regeneracionistas con opiniones totalmente contrapuestas sobre el mismo movimiento.

Me imagino que a estas alturas ya sabéis cuál es la apuesta revolucionaria que os propongo. Pues sí se trata del rearme moral de la sociedad. Me quedo con la frase de Bauman cuando dice que “la experiencia cotidiana confirma obstinadamente que los principios morales son cada vez menos vinculantes, lo cual resulta alarmante”

Os propongo una activa toma de conciencia de la gravedad de la crisis y de su magnitud, desde la solidaridad comprometida y fundamentalmente desde una reconversión en el modo de pensar y vivir de las personas, de los colectivos, de las instituciones, de las administraciones. Y, claro, todo ello necesariamente ha de conllevar muchos, bastantes sacrificios.

Os propongo una vuelta a los valores de los que todos hablamos pero luego no sabemos enumerar, os propongo aprovechar la crisis económica como una oportunidad de regeneración que no debemos desaprovechar.

Primer valor: la persona. Y para esto lo primero que hemos de hacer es no olvidarnos  de la centralidad del hombre, con el objetivo de ofrecer una visión completa de la persona; una visión que considera a la vez la dimensión individual, social y la trascendente. No olvidarnos de la dignidad del hombre y la medida para que éste alcance su verdadera plenitud. Aquí está la clave de la verdadera regeneración de la sociedad. Los apaños económicos financieros son arreglos temporales. La verdadera solución del problema está en volver a valorar la dignidad del hombre como persona en lugar de valorar el dinero como icono de una sociedad nueva.

Hemos de volver a las raíces de Europa, que unen la Filosofía griega con el Derecho Romano y la ética judeo cristiana, aportan una rica concepción del ser humano, proporcionan una perspectiva realmente humanizadora de la sociedad, descubridora de nuevos horizontes. Raíces que fundamentan y promueven la verdadera filantropía (amor a los demás, según el significado del término griego original, deformado a veces por el uso y abuso de esta palabra) que lleva a valorar a las personas por sí mismas, más allá de la consideración de lo que producen o aportan a la sociedad.

Conscientes de esa dignidad de cada persona, que es única e irrepetible, las relaciones personales han de volver a ser sinceras y veraces. Y ésta es una de las dificultades fundamentales que encontramos en la sociedad actual: no se cree en la existencia de la verdad. Se ha de fomentar la capacidad de diálogo basado en la verdad, la lealtad y el clima de confianza, respetando las legítimas diferencias de opinión entre los miembros de la sociedad. Como dice Stefan Zweig en El mundo de ayer “Como me cansa esa gente que escupe sus opiniones y sentimientos como si fuera sangre”

Segundo valor: la verdad. Y una vez que nos hemos detenido en el punto central: la persona. Quiero ir a un valor del que nunca se habla: la búsqueda de la verdad. La crisis de la que venimos hablando se produce en primer lugar por no considerar la alta dignidad de la persona como tal, pero en segundo lugar por haber construido un mundo relativista en donde “nada es verdad ni es mentira, todo es del color del cristal con que se mira” Hemos hecho una sociedad donde la falta a la verdad domina en el mundo político, económico, financiero, de los negocios, en las relaciones cotidianas, incluso en la vida doméstica. La verdad, la transparencia no están de moda pero un hombre bueno sin verdad se puede confundir fácilmente con una reserva, un cúmulo, de buenos sentimientos, provechosos para la convivencia social, pero, en el fondo, marginales” Benecicto XVI. Caritas in veritate)

 Este valor supone una actitud de apertura, de adecuarse y conformarse a la realidad de las cosas. Hemos de tener interés por encontrar la verdad, por respetarla y mostrarla con amabilidad, y hacer una consideración interdisciplinaria de las cuestiones con rigor intelectual. Hemos de tener inquietud por las grandes cuestiones que afectan al hombre. Si buscamos la verdad nuestra coherencia de vida será total.

Atenerse a la verdad nos llevará a un inquebrantable compromiso con la justicia.

Tercer valor: el compromiso social. En un mundo relativista, egoísta, asustado por las consecuencias económicas y sociales que hemos generado entre todos; hemos de volver a tener un fuerte compromiso social. Implicarnos en las cuestiones de la sociedad y contribuir con soluciones plurales a los problemas de nuestra época. Desempeñemos un papel activo en la construcción de la sociedad, en el mundo universitario encorsetado por parámetros academicistas, en el mundo del trabajo al que pronto os incorporaréis. Potenciemos la disposición de servicio a los otros y la solidaridad, empezando por los más cercanos. Es necesario que tomemos conciencia del escándalo y de la vergüenza que supone el hambre en el mundo, en tantos millones de seres humanos. Procuremos ser motores del cambio social y actuemos a favor de la justicia. Para ello debemos concienciarnos de la necesidad de que nuestras conductas sean sostenibles e impulsar el reconocimiento efectivo de los derechos humanos en la sociedad.

Cuarto valor: la excelencia. La excelencia ha de ser algo más que una aspiración, una realidad, un valor, un pilar esencial. El esfuerzo por alcanzar la excelencia ha de formar parte de vuestro modo de entender el trabajo y es una aspiración que debe culminar en un reconocimiento externo. El prestigio profesional es el resultado, reconocido socialmente, de la tarea profesional. Tendréis excelencia si el estudio o el trabajo que hacéis son excelentes, son trabajo bien hecho.

La sociedad está cansada de mediocres, incluso de mediocres disfrazados de excelentes por el trabajo de asesores de imagen.

Es muy bueno querer alcanzar la excelencia lo antes posible; y sin embargo, la excelencia se logra con el trabajo constante, de muchos años. No hay atajos. Pero son años fundamentales los años universitarios que preparan para la vida laboral.

La excelencia no se alcanza con declaraciones grandilocuentes, sino con una multitud de pequeños esfuerzos, tareas sencillas y ocultas… que exigen un alto grado de virtud, de orientación a los demás, de compromiso social.

El edificio de la excelencia se asienta también sobre virtudes humanas, muchas de ellas referidas «a las relaciones sociales, esto es, la honradez, el espíritu de justicia, la sinceridad, los buenos sentimientos, la fortaleza.

Actualmente se hace más necesario redescubrir el valor y la necesidad de las virtudes humanas, pues algunos las consideran en oposición a la libertad, a la espontaneidad, a lo que piensan equivocadamente que es "auténtico" en el hombre.

Los excelentes tienen horizontes amplios, noble ambición profesional. Existen otros mundos posibles al que nos rodea. Somos universitarios y como dice el Profesor Llano hemos de tener un estilo universitario que se caracteriza por la amplitud de mente, la ironía, el amor a la libertad, el rigor intelectual y el afán de saber (Repensar la Universidad. La Universidad ante lo nuevo. Ediciones Internacionales Universitarias. Madrid, 2007, pág. 49)

Particular importancia reviste para ser excelente tener un alto nivel cultural.

Por último, aunque parezca hoy en día un tema sin importancia, os diría expresamente que la excelencia también se nota en el tono humano, el comportamiento cordial y respetuoso en las relaciones con los demás. Hasta en el vestir. Llama la atención como Stefan Zweig describe a Rilke : “La vulgaridad se le antojaba insoportable, su ropa siempre era el súmmum de la pulcritud, el aseo y el buen gusto. Su indumentaria también era una obra de arte de la discreción…” (Stefan Zweig. El mundo de ayer. Memorias de un europeo, pág. 189. Acantilado, mayo 2006)

Como veis os dejo un panorama inmenso, un territorio para conquistar sin fronteras de ningún tipo.

Sólo he intentado que no os ocurra lo que dice el metafísico Llano “Para mucho estudiantes, los años pasados en la Universidad vienen a ser una suerte de túnel oscuro y vacío, porque no se han tropezado con auténticas realidades, ni nadie les ha dicho una palabra orientadora sobre el sentido de sus vidas” (obra citada, pág. 41)

Ojalá mis palabras sirvan en alguna manera para que hayáis escuchado unas palabras orientadoras sobre el sentido de vuestras vidas.

¡Ánimo, en vuestras manos está el reto! No regateéis esfuerzos. 

6 de diciembre de 2011

107 | Conferencia Pedro Nueno "Aprender a emprender"

Pedro Nueno

Este Post nace a raíz de la conferencia que impartió Pedro Nueno en la UIC (Universidad Internacional de Cataluña) el pasado martes 29 de Noviembre.  No me voy a dedicar aquí a exponer un resumen de lo que se dijo… ‘haber venido’ o sino  ya sabéis que poniendo su nombre en Internet encontráis su web, su libro, sus conferencias en YouTube: la red de redes está más que nunca a tu alcance.

La cámara que ha hecho la foto del post está configurada para conseguir una amplia perspectiva de la sala, mi perspectiva es más limitada, soy un estudiante de 4º de Arquitectura,  lo digo porque me he percatado de que todos los demás estudiantes de la sala resulta que cursan ADE, es verdad que la iniciativa es de varios alumnos de ADE miembros de la agrupación de la UIC e-World, un proyecto que tiene como objetivo acercar el mundo de las empresas y finanzas a los estudiantes mediante la organización de conferencias con ponentes del mundo empresarial  y financiero, durante su período universitario.

Pero en cada facultad (Derecho, Publicidad, Arquitectura, etc) se ha promocionado esta conferencia, a todos nos ha llegado ese mail anunciándola, todo esto me hace cuestionar si el nombre de este blog es cierto o no: ¿“Todos” emprendemos? Ahí es cuando Pedro Nueno, después de darnos algunos detalles de sus inicios, sus viajes, negocios, escuelas.. nos explica que hoy en día se está poniendo cada vez más de moda “El emprendedor” que la “emprendeduría” por así decirlo es la panacea, a lo que todo estudiante de ADE aspira…

Acto seguido Pedro remarca que quizás es que le estamos dando a la palabra un significado distinto, como si fuese un oficio, pero no... un medico puede ser emprendedor, un periodista puede ser emprendedor, un arquitecto puede ser emprendedor, de hecho él mismo estudió arquitectura. 

Entonces ser emprendedor es esa forma de ser que se basa en unas ciertas aptitudes, habilidades y conocimientos que se pueden aprender,  de hecho el titulo de la conferencia es ‘aprender a emprender’. Ahora más que nunca los estudiantes necesitamos serlo (el paro juvenil es del 42%),y  si realmente se puede transmitir o aprender  debería ser una asignatura optativa de cada carrera o un titulo vinculado a la carrera, pero nunca una titulación en sí misma, porque perdería su sentido práctico o se volvería a relacionar exclusivamente con el mundo de las empresas y negocios, seguramente oiremos más hablar de cátedras o cursos de, por ejemplo Emprendeduría Ambiental, Emprededuría Social, Emprendeduría en Comunicación. Todos necesitamos esas herramientas para aumentar nuestro campo de visión y conseguir unas perspectivas cuanto más grandes posibles, de esta manera cuando salgamos afuera detectaremos las oportunidades, sabremos proteger nuestra idea, nuestros sueños, y finalmente convertirlos en realidad.

Ahora sí, os dejo con algunas de las frases que considero más interesantes de aquella conferencia:

“En este mundo hay muchas oportunidades, lo que pasa es que a menudo no las vemos pasar”   

“Si alguien desarrolla una idea más deprisa, se nos come”

“España es un buen país para emprender. No somos menos sofisticados que un inglés o un alemán, y emprender en China puede ser muy complicado”.

“Sed humildes”. En esta línea habló de que uno siempre debe ir donde quiere, pero con humildad, “dando la razón de entrada, respetando, pero conduciendo la situación por donde nosotros queramos”

“El mundo está al alcance de vuestra mano… ¡la tierra es plana!

Javier Olóndriz

14 de marzo de 2011

78 | Entrada invitada, por Víctor Küppers

* Entrada invitada, por Víctor Küppers.

Ya hemos hablado alguna vez por aquí de Víctor y su genial libro: El efecto actitud. Hoy os traigo una entrada escrita por él junto con el vídeo de una de sus charlas y desde aquí aprovecho para darle las gracias.



HÁBITOS FANTÁSTICOS,PERSONAS FANTÁSTICAS

Las personas fantásticas tienen formas de ser fantásticas, y viceversa. No nos aprecian por lo mucho que sepamos o por la experiencia que tengamos, nos aprecian por nuestra manera de ser. No seremos personas grandísimas, padres fantásticos o amigos extraordinarios porque sepamos muchas cosas o tengamos grandes habilidades, lo seremos, sobre todo, por nuestra manera de ser. En la vida nos va según nuestra manera de ser porque nuestra vida está configurada por las relaciones que mantenemos con los demás, y éstas relaciones dependen, fundamentalmente, de nuestra manera de ser.


¿Y qué forma de ser tienen las personas fantásticas para que sean tan extraordinarias? Desde luego, nuestra forma de ser tiene un componente genético importante, el temperamento, sobre el cual no podemos actuar. Nos influye, es verdad, nos condiciona, pero no nos define. Porque afortunadamente, a nuestro temperamento le sumamos nuestros hábitos, nuestro comportamiento, nuestros principios, nuestras actitudes, y esos sí que nos definen mejor como personas, ellos son los que finalmente configuran nuestra manera de ser. 


Las personas fantásticas tienen una forma de ser íntegra, honesta, ayudan a los demás, son alegres y entusiastas, generosas, trabajadoras. Son optimistas, amables, agradecidas, tolerantes, dialogantes, humildes. Y todos estos comportamientos los podemos desarrollar todos independientemente de nuestros genes. Nosotros somos nuestros hábitos porque los hábitos configuran nuestra manera de ser.  Nuestros hábitos nos ayudan a desarrollar comportamientos positivos que pueden también mejorar nuestras posibles “deficiencias” genéticas. Podemos tener un temperamento impaciente, egoísta o pesimista, pero podemos desarrollar hábitos que nos conviertan en personas más pacientes, más alegres, más optimistas, más entusiastas, más generosas. 

Una forma de ser fantástica se logra mediante el desarrollo de hábitos fantásticos, los hábitos fantásticos son los que diferencian a las grandes personas de las mediocres. Por lo tanto, el reto está en definir qué hábitos queremos incorporar a nuestra manera de ser y esforzarnos para que formen parte de nuestro comportamiento habitual. William James lo definió de manera magistral: “siembra una acción y cosecharás un hábito; siembra un hábito y cosecharás chas un carácter; siembra un carácter y cosecharás un destino”!


Si queremos ser mejores personas, si queremos tener mejores resultados en nuestras vidas, tenemos que trabajar sobre nuestros hábitos. Aristóteles ya explicaba la importancia de la Ley de Causa y Efecto, “para cada efecto hay una causa determinada, si quieres cambiar el efecto, actúa sobre la causa”. Pues bien, los resultados de nuestras vidas son el efecto y nuestra manera de ser, nuestros hábitos, son la causa. Jesucristo ya menciono con anterioridad la Ley de la Siembra, “siembras y cosechas”. Si quieres cosechar una vida fantástica, tienes que sembrar con una forma de ser fantástica!


¿Cómo se desarrollan hábitos positivos? Primero queriendo desarrollarlos y después esforzándonos para que se conviertan en hábitos. Primero decide incorporar hábitos fantásticos a tu manera de ser y te convertirás en una persona fantástica! Después, la forma de desarrollar el hábito es fácil: “haz como si … hasta q lo seas”. Este es el truco para desarrollar hábitos. Actúa como si ya tuvieras incorporado ese hábito en tu manera de ser hasta que al final lo seas. Actúa como si fueras una persona alegre, amable, humilde, generosa, entusiasta; practica cada día, en cada momento, hasta que al final, sin darte cuenta, esa será tu manera de ser. Y será entonces, y sólo entonces, cuando sentirás esa alegría interior que provoca la verdadera felicidad. Al principio creamos nuestros hábitos y luego son estos hábitos los que nos hacen a nosotros.

-Victor Küppers-

(pon pantalla completa para ver mejor el vídeo)

30 de diciembre de 2010

64 | El Negocio y la Actitud del S.XXI

Quisiera agradecer a mi hermano Pablo por dejarme escribir esta entrada en su blog, soy uno de sus fieles seguidores pues ninguna de las entradas tiene desperdicio, todas ellas conforman un muy útil trabajo de investigación propio y también para aquellos con los que lo comparte. Es un blog que nos ayuda a ser autodidactas.

Me llamo Javier, curso 3º de Arquitectura. Quiero hablaros de dos temas relacionados con lo que es mi trabajo y a la vez afición, y no se trata de la Arquitectura.  Me explicaré, trabajo en una escuela de Artes Marciales llamada Mugendo, soy alumno e instructor (es verdad que un instructor nunca deja de ser alumno) y los fines de semana organizamos fiestas de cumpleaños en el club, las llamamos Mugenfiestas, lo que nos sirve también para hacer publicidad del club.

Estos últimos años Mugendo ha hecho énfasis en el público más joven, los niños. Todas las artes marciales mejoran no solo la salud física sino también mental, allí también aprenden técnica y valores como la obediencia, la disciplina... a todo esto le añadimos el seguimiento semana tras semana de los muchachos, en sus quehaceres diarios, en lo que más les cuesta. Una de nuestras principales herramientas es la motivación, eso es algo que se ha de enseñar tarde o temprano.

La edad es algo muy importante, los más pequeños pasan en pocos años por etapas muy diferentes y aun existe mucho desconocimiento sobre lo que les debemos enseñar y lo que necesitan en cada momento.

Aprovecho que muchos de vosotros sois de espíritu emprendedor, para  deciros que una de las vías de negocio es y será el del público más pequeño (3-14 años aprox.) como nosotros ya hemos comprobado, pues cada vez son más los que crecen de una manera desequilibrada, pues en todos los ámbitos hay problemas: en las casas hay familias rotas, niños mimados, escuelas que enseñan pero no educan, la presencia de la televisión, videojuegos...

Si hacemos un repaso a la historia de los negocios y el comercio podemos observar que se ha ido acortando la edad del público para el cual iban destinados dichos servicios  o productos: a principios de siglo eran los más mayores, a mitades de siglo edades más tempranas al son del Rock and Roll y ya entrados en el  s.XXI me atrevo a especular que serán los más pequeños, no porque ellos tengan el poder adquisitivo, pero sí sus padres.

El segundo punto del que quería hablaros es más subjetivo, yo soy el instructor o monitor de las fiestas que he mencionado al principio, los chicos tienen de 3 a 11 años y en ellas hacemos juegos, merienda y un poco de artes marciales. En estas fiestas uno de los factores clave es otra vez la motivación y lo más importante no es lo que hagamos  (tal juego u otro) sino la actitud, las ganas y la motivación con que lo hacen -el cómo por encima de el qué- cada fiesta es un ejercicio para mí de hablar en público, de saber transmitir, también de vender algo (las cosas como son) pero el hacerlo de una manera natural lo conseguimos relativizando los problemas, confiando en la bondad de las personas, creyendo en ellos… 

Si vosotros queréis ser emprendedores habéis de ejercitar todos estos aspectos y la parte más importante es sin duda la humana. Saludos a todos y feliz año nuevo.

Javier Olóndriz
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