31 de marzo de 2013

157 | Valió la pena (I)

Ya llevo casi medio año “on the road”. Durante todo este tiempo en el que he estado viajando en Asia y Oriente Medio no he tenido que preocuparme acerca de mi futuro profesional, únicamente de vivir el presente. Amar, aprender y disfrutar…

Espera. Viajemos ahora unos instantes hacia el pasado.

Año 2007, después de terminar el temido y disfrutado bachillerato, tengo que empezar a estudiar una carrera universitaria en mi ciudad natal, Barcelona.

Así lo hacían también todos mis compañeros de curso por aquel entonces. Recién cumplidos los dieciocho o diecinueve, con la vida por delante, la motivación por las nubes y todas las puertas abiertas. Todos ansiosos por la idea de empezar una etapa tan importante. Recuerdo que era entretenido preguntar a cada uno de ellos qué iban a estudiar y porqué. Las respuestas eran de lo más variopintas.

Era el camino marcado por la sociedad y no seguirlo significaba un futuro negro, lleno de penurias e incertidumbres. O al menos así te lo pintaban, si eras de los que tenía la curiosidad de preguntarlo. Nadie en su sano juicio quería pasar por un futuro de este color, así que la universidad era el siguiente paso lógico.

Ya que tenía que seguir estudiando algo por obligación, sopesé los pros y contras de las elecciones que tenía por delante… no demasiadas y no muy divertidas… ¿Porqué no había una carrera de manager de equipo de Fórmula 1, de escalador de montañas o de creación de videojuegos? Eso hubiese hecho más sencilla la elección.

Así que acabé escogiendo Administración de Empresas -Business en inglés-, conocida comúnmente en España como ADE.

Mucha gente estudiaba ADE. Yo tenía tres razones de peso para ello.

Me apasionaba el tema de empezar una empresa desde cero, como habían hecho algunos de mis ídolos de aquella época, Steve Jobs o Bill Gates. Sus historias eran increíbles, empezando con algún amigo montando ordenadores en un garaje y convirtiéndose finalmente en algunas de las compañías más grandes e influyentes del mundo. Quería llegar a ser uno de ellos.

También me atraía mucho el tema de la bolsa y el trading. Significaba aprender todo un nuevo mundo de cifras y gráficos, del que pocos eran expertos y en el que lo más importante era el dinero. Mover dinero, invertir dinero, ganar dinero, perder dinero. Había personas, rodeadas por un aura mística, que habían hecho fortunas con ello. Quería llegar a ser una de ellas.

La tercera razón era porque, más que nada, me parecía la menos aburrida de las alternativas que tenía delante.

Ahora nos remontamos cuatro años hacia el futuro. Yo, junto con todos mis compañeros de clase, vestidos con túnicas negras en el aula magna de la universidad. Tenemos el ansiado diploma en nuestras manos. Estamos de pie y lanzando a la vez nuestros birretes hacia el cielo, en señal de victoria, mientras suena el himno universitario y todos, familiares, amigos y profesores, aplauden a nuestro alrededor, felices.

Vale, quizá no fue exactamente así.

Durante esos cuatro años, había cursado una sola asignatura sobre emprendeduría, llamada ‘Creación de empresas’. O lo que es lo mismo, 50 horas de clase de las 3.000 horas totales de la carrera. Un 1,6% del tiempo. Teórica, no práctica. Me queda el consuelo de que algo bueno salió de allí, este mismo blog.

Durante esos cuatro años no me habían enseñado absolutamente nada sobre la bolsa que no supiera ya antes.

Y lo más importante, durante esos cuatro años me aburrí como una ostra durante la gran mayoría de las clases y horas de estudio. Aburrimiento con mayúsculas.

No es que me hubiese dado cuenta de ello el día de la graduación, al final... Lo peor es que me di cuenta del panorama nada más entrar. Eso hizo que muchas veces durante esos cuatro años me plantease dejarlo, algunas de ellas muy seriamente. Mi corazón no estaba alineado con mi cabeza. Mis sentimientos y pensamientos no estaban alineados con mis acciones.

Sin embargo nunca di ese paso de dejarlo y tirarme al vacío. El miedo me paralizaba. Siempre era el miedo.

No tenía ahorros para montar una empresa, ni medios para encontrar un trabajo decente sin una carrera en el bolsillo. No sabía qué hacer ni a quién acudir. Lo único que me quedaba era quejarme de mi situación, dar gracias a la vida por tener una familia, comida y techo para dormir y tratar de no pensar demasiado en ello, al mismo tiempo que disfrutaba de las tardes y fines de semana con los amigos.

Tengo el presentimiento de que es la misma sensación que siguen sintiendo muchos de los estudiantes, universitarios o no, hoy en día. 

Sin embargo, aunque crítico con el modelo utilizado para ‘educar’ -por llamarlo de alguna manera- en nuestra sociedad, este no es un post de queja. No puedo quejarme de nada en mi vida.

Ahora viene la otra cara de la moneda.

...

6 comentarios:

  1. Pablo! socorro... me siento interpelada y con una parte de la responsabilidad de tu visión negativa de tu tiempo de universitario. Estoy absolutamente abierta a mejoras, de todo tipo. Escucho ideas y estoy dispuesta a arremangarme, a pensar y a llevarlas a la práctica.
    No creo que la universidad tenga que ser "divertida". Tiene que ofrecer los instrumentos para que luego cada quien desarrolle su propia senda.
    Me da la impresión que sin haber pasado por esas aulas aburridas no estarías hoy donde estás :)
    Te mando un abrazo!!!
    YBM

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    Respuestas
    1. Hola Yolanda!
      Sabía que a ti no te haría mucha gracia el post (y estoy seguro de que a Carmen Mª tampoco, jajaja) pero esta es la primera parte... espera al martes y pongo la segunda, que ya la tengo escrita ;-)
      Sin embargo, todo lo que escribo es la verdad, pues así es como me sentía. También coincido contigo en que sin ello no estaría donde estoy ahora!
      Un gran abrazo!
      Pablo

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  2. Todo un ejemplo, sigue así ;)

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  3. Totalmente de acuerdo contigo Pablo, ademas casi todo el mundo que conozco que tiene una carrera a tenido alguna crisis como las que has mencionado en las que se han planteado abandonar, pero normalmente siguen hasta el final.
    La verdad es que resulta muy difícil elegir una carrera que te guste... y si encuentras una que se asemeje luego lo que estudias no tiene nada que ver con lo que imaginabas. Yo empece una carrera y al segundo año la deje... y sinceramente no me arrepiento de mi decisión porque en ese momento no estaba feliz haciendo eso.
    Pero hay que sacar una lectura positiva de todo y aunque solamente sea por este blog y por toda la gente que habrás conocido ya ha valido la pena hacerla ;)

    Un fuerte abrazo.

    Cuídate mucho trotamundos ;)

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    Respuestas
    1. No sabía que tu también habías empezado una Marcos!
      Al menos tu tuviste el valor de cambiar un rumbo que no te gustaba, muy valiente. En el próximo post escribo sobre las personas que conocí y las oportunidades que surgieron a raíz de estar allí.
      Un gran abrazo, cuídate tu también! :-)

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